Buñuelo presenta tres tipos de pan de muerto

Redacción / Inversión Turística

Buñuelo, la panadería mexicana fundada en 2013 por los hermanos Ariana y Julio González, quienes trabajan por la investigación, rescate y difusión del pan dulce mexicano, realizó la segunda edición de la cata de pan.

En el evento se degustaron tres tipos de pan de muerto: naranja, naranja con cubierta de chocolate y anís con pulque.

El pan de muerto fue el protagonista de la segunda edición de la cata de pan organizada por la panadería Buñuelo. Esta vez, presentaron tres versiones de pan de muerto con el fin de compartir y explicar el proceso de elaboración de este producto de temporada.

Los asistentes disfrutaron de tres panes de muerto: tradicional, elaborado con naranja; pan de muerto de anís con pulque -el favorito de muchos-, y pan de muerto de naranja cubierto con chocolate. Todos se degustaron acompañados de una taza de leche con chocolate caliente.

Ariana González y Julio González, chefs y fundadores de Buñuelo, trabajaron junto con Carlos, su hermano y comercial manager de la marca, para plasmar la tradición mexicana en estas tres versiones de pan de muerto.

Pan de muerto tradicional

El primero a degustar fue el pan de muerto tradicional de Buñuelo, un pan hecho con masa brioche y ralladura de naranja natural. Al hornearse, se recubre con mantequilla y se espolvorea azúcar. La ralladura de naranja se encuentra presente en cada bocado, algo característico de este pan tradicional.

Pan de muerto con anís y pulque

Originarios del Estado de México, los hermanos González decidieron conmemorar sus raíces a través de esta creación. Se trata de un pan de muerto de anís con pulque barnizado con mantequilla y cubierto de ajonjolí y azúcar.

“Aunque el 95% de la composición del pan lleva los mismos ingredientes que el tradicional, lo que lo destaca de los demás es que el líquido que lleva es pulque. Esto ayuda a la fermentación del pan y le da más dulzor. Incluso, la migaja se siente diferente, ésta es más suave y está más humectada debido al pulque”, explicó la chef Ariana González.

El Estado de México cuenta con una importante tradición en el cultivo del agave y la producción de pulque. Debido a eso, Buñuelo decidió compartirle al público un poco de su origen a través de este pan: el pulque proviene de la pulquería Charly, en San Mateo Nopala, Estado de México.

Pan de muerto cubierto con chocolate

El pan de muerto elaborado especialmente para las personas amantes del chocolate cuenta con la misma base del pan de muerto tradicional y va cubierto de chocolate 70% cacao. Esto permite que haya un equilibrio entre la parte dulce de la masa con el chocolate amargo. El resultado es un pan sabor a chocolate que no sobrepasa el dulzor.

Es importante destacar que este pan de muerto se decora con un alfeñique, una figura decorativa típica de Oaxaca, elaborada a base de harina con agua. Buñuelo decidió adornar su pan con estas piezas elaboradas por la artesana oaxaqueña Juliana Santiago.

Todos los alfeñiques que encontrarás en este pan de muerto son elaborados a mano por Juliana; son piezas únicas, su pintado es artesanal y nunca adquirirás una igual.

Los orígenes y el significado del pan de muerto

Los orígenes del pan de muerto remontan a la época colonial; sin embargo, está inspirado en rituales prehispánicos. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) afirma que, en la época prehispánica, nuestros ancestros ofrecían en sacrificio a una princesa azteca para después colocar su corazón latente en una olla con amaranto y consumirlo en señal de agradecimiento.

Tras la llegada de los españoles, estos rituales se prohibieron durante los primeros años de La Conquista. Con el tiempo, encontraron la forma de sustituir estos rituales con un pan en forma de corazón a base de harina de trigo, azúcar y tintes rojos para simular la sangre; de ahí el origen del pan de muerto.

Su forma circular representa el ciclo de la vida y la muerte; el pequeño círculo que se encuentra comúnmente en la parte superior simboliza el cráneo del difunto, las cuatro candelillas representan los huesos y las lágrimas derramadas por los difuntos.

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