Día Internacional del Auxiliar de Vuelo; experiencia de un mexicano en aerolínea internacional

Redacción / Inversión Turística

Cada 31 de mayo se celebra el día internacional del auxiliar de vuelo o sobrecargo, aquellas personas que, además de encargarse de apoyar a los pasajeros en todas las etapas de su viaje y estar atentos a sus peticiones y dudas, cumplen una labor mucho más importante, pues son los encargados de velar por la seguridad de todos los que abordan un avión, y la salvaguardan en caso de que se presenten emergencias médicas o mecánicas.

Al respecto, Alfonso Reyes Martínez, auxiliar de vuelo con 35 años de experiencia, 21 de ellos colaborando con American Airlines, nos comparte diversos aspectos sobre su experiencia en esta profesión. “El proceso me llevó unos ocho meses desde la solicitud hasta el día de la graduación. Es importante saber que, en estos entrenamientos, además de que se imparten los conocimientos generales, se evalúa tu actitud, tu comportamiento y cómo te llevas con tus compañeros”. 

Una de las habilidades que Alfonso considera que pocos se imaginan que un sobrecargo tiene es el de salvar vidas, especialmente el entrenamiento por el que pasan para hacer reanimación cardiopulmonar (RCP) pues, aunque es poco frecuente, a veces es necesario que lo pongan en práctica. “Una emergencia es inesperada y puede ir desde algo muy simple hasta una que ponga en peligro la vida de una persona”, menciona.

A pesar de que la mayoría de las personas creen que es un trabajo muy demandante, Alfonso dice que su perspectiva es diferente, y el tiempo libre depende del destino y de la hora del día, “en un vuelo all-nighter, donde los pasajeros normalmente duermen todo el trayecto, cambia considerablemente la carga de trabajo a comparación de un vuelo corto a las 2 de la tarde”; y aunque los horarios son muy variados, sin duda tienen tiempo libre.

Uno de los aspectos por los que la mayoría quisiera convertirse en sobrecargo es para conocer lugares y, en efecto, Alfonso comenta que, gracias a la evolución y los ritmos constantes de la industria, la mayoría de las veces puede conocer los alrededores de las ciudades a las que vuela, pero esto depende de los horarios, lo que hace que a veces la tripulación del avión no tenga tiempo de conocer los sitios a los que van.

Una de las preguntas que más le han hecho a lo largo de su trayectoria de más de 35 años, es sobre lo que carga en su maleta cada vez que va a volar, a lo que responde:

1.            Lo básico es el manual de auxiliar de vuelo, llaves, identificación y pasaporte.

2.            Un traje de baño y unas gafas de sol, pues nunca se sabe cuándo acabas en una playa.

3.            Un par de camisas extra y ropa interior limpia, ya que el viaje original se puede extender unos días más.

4.            Un par de tenis y jeans, una camiseta junto con una buena chamarra para las salidas a divertirse, que pueden llegar en cualquier momento.

5.            Agua y refrigerios, pues en ocasiones, podrías terminar en un aeropuerto en medio de la noche sin un lugar para comer.

Al hablar sobre las mejores experiencias que le ha dejado su carrera, Alfonso comenta que lo que más le gusta de trabajar en American Airlines es el amplio espectro de personas de diferentes países y culturas que colaboran en este trabajo, donde la amabilidad y pasión son claves para cumplir su objetivo principal: que sus pasajeros se sientan bienvenidos. “Hay profesionales de distintas nacionalidades, pero algo que nos distingue es que los mexicanos tratamos a las personas como si fueran de la familia”. 

Mientras recuerda toda su carrera, comparte que la experiencia más impactante de su trabajo fue acompañar a la Madre Teresa de Calcuta en su vuelo de Ciudad de México a La Habana hace algunos años, ya que “su energía era increíble y la tripulación estaba llena de su espíritu.”

Para finalizar, Alfonso comenta que hay una frase que le gustaría compartir con todos los que piensan dedicarse a esta profesión, “tienen que saber que ser auxiliar de vuelo es el mejor trabajo del mundo, es maravilloso sentir que, en lugar de ir a trabajar, estás viviendo una gran aventura cada día”.

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